Ensayo argumentativo
Para abordar el tema de una posible filosofía
latinoamericana es preciso aclarar dos términos de vital
importancia, a saber: filosofía e identidad. El primero de ellos nos
ayudará a crear un dominio de donde partiremos para ver si se logra
enlazar con el ámbito del pensamiento latinoamericano. El segundo
nos aclarará el panorama para saber distinguir y tomar en cuenta
solo aquello que realmente se entiende por latinoamericano que hace,
si es que está, diferente a la filosofía francesa, alemana...
Vamos a entender la filosofía como una ciencia
universal, porque abarca la totalidad de lo real, y penetra hasta las
razones últimas. El punto de partida más íntimo de la filosofía
lo constituye el hacer humano, única cosa dada al hombre en la que
se le revela su yo y todo lo demás. Considerada desde este punto de
vista, la filosofía entera se presenta como una interpretación de
aquel hacer humano llevada hasta sus más profundas raíces. La
filosofía aspira a ser objetiva, en otras palabras el saber
filosófico es aquel que impera tanto la autenticidad como la verdad.
De esto se desprende de que entre la filosofía y el hombre existe
una relación que sobre pasa lo meramente intelectual para volverse
vital. Asimismo, Zubiri (1984) nos contribuye a
entender desde este punto que la filosofía no consiste sino en la
constitución activa de si propio objetivo, en la puesta en marcha de
su reflexión; de modo que desde ahí, la filosofía asuma aspectos
aparentemente diversos e inclusive divergentes. Es entonces que
podemos entender que hay dos principales direcciones a las que se
dirige lo que consideramos filosofía: la dirección que resuelve el
filosofar en el vivir y la dirección que aspira a una filosofía
inquisitiva, de objetivos y métodos analógicos a los adoptados por
la ciencia.
Una vez aclarado que vamos a entender por
filosofía. Enfoquémonos en el término identidad, ya que con ello
veremos si podemos apellidar a la filosofía como latinoamericana. En
su concepto más básico, decimos que identidad es las asociaciones,
por una parte, con los rasgos que caracterizan a los miembros de una
colectividad frente a otros que no pertenecen a la misma y, por otra,
a la conciencia que un individuo tiene de ser él mismo y, entonces,
distinto de los demás.(Szurmuk, 2009)
Tomando en cuenta lo anterior, partimos hacia
la caracterización de la identidad latinoamericana. Para emprender
esta tarea nos remontamos a sus raíces en el siglo XIX y siglo XX,
donde aparecen las guerras de independencia y los subsecuentes
movimientos nacionalistas. La heterogeneidad de la población
integrada, principalmente, por europeos, criollos, indígenas,
africanos y mezclas entre estos mismos, hace que el pensar en una
identidad propia sea una labor más ardua que en las regiones en
donde sus pobladores presentan uniformidad. Algunas países, como
México y Perú, apostaron por la creación de una identidad nacional
con la integración de mestizos e indígenas bajo las costumbres
criollas que era consideradas como civilizadas. En otros países como
Argentina se pensó en un proceso excluyente, con la marginación o,
incluso, genocidio de grupos indígenas y africanos. Es entonces, que
a finales de XIX la identidad se construía por las negociaciones de
una élite blanca que intentaron a toda costa europeizar el
continente (Szurmuk, 2009).
El siglo XX fue el caldo de cultivo que dio pie
a la identidad latinoamericana. El México posrevolucionario, desde
su Ministerio de Educación, generó una identidad netamente mestiza,
que hizo surgir el concepto de “raza cósmica”, el cual contempla
la mezcla de razas después de 400 años de colonización. No
obstante este concepto también fue utilizado para denigrar grupos
minoritarios, resaltando al mestiza como único destinatario legítimo
de la gobernación. (Szurmuk, 2009)
La preocupación por teorizar la identidad de
los latinoamericanos fue patente en líderes e intelectuales de la
época: Simón Bolívar, José Martí y José Enrique Rodó. Según
ellos la elaboración de una identidad latinoamericana permitía
combatir las ideas pseudocientíficas sobre la posible inferioridad
de los pueblos de América Latina; además, con sus retóricas,
permitía reñir la continuación de la influencia de Estados Unidos
y de Europa durante y después de las guerras de independencia.
A mediados del XX la preocupación por la
identidad se enfocó en la identidad nacional, que fue subseguida por
el surgimiento de movimientos sociales feministas y etnias
migratorias. Las crisis económicas contemporáneas fueron
interpretadas como consecuencia de las políticas neoliberales y el
capitalismo globalizado, repercutiendo en el debate sobre la
identidad. Los estudios contemporáneos ilustran los múltiples
procesos culturales que contribuyen a la creación consciente y la
presentación performativa de las identidades latinoamericanas. En
consecuencia, la identidad es entendida no con algo esencial, sino
como una autonegación de varias influencias para crear una
representación en particular. (Szurmuk, 2009)
Hemos hecho este recorrido sobre la evolución
de la identidad latinoamericana porque, como dijimos anteriormente,
es el mismo quehacer del hombre el que motiva al mismo a preguntarse
de su existencia, de su ambiente, de la influencia de agentes
externos e internos; generando interrogantes que nacen de su vivir,
las cuales responderá y creará una visión de mundo desde sus
propias raíces. Es este contexto propio y distinto de su realidad el
que le da la originalidad y la autenticidad a la filosofía
latinoamericana frente a las otras filosofías, Cerutti (2000)
refuerza esta postura diciendo que:
“Un enfoque filosófico parece
indispensable para hacer historia de la filosofía, lo que no parece
tan claro es la relación contraria. ¿Es menester la historia de la
filosofía para ejercer la filosofía, para filosofar? Todo depende
de lo que se entienda por filosofía. Si la pensamos como un proceder
metódico que tiene que enfrentar los problemas desde un cierto
horizonte cultural e histórico, pareciera ser menester esta
necesaria referencia a su propia historia. Quizá no en todo momento
histórico la filosofía necesita volverse sobre su pasado, pero sí
en situaciones de subordinación o marginación cultural como las que
nos ocupan, situaciones en las cuales la memoria propia ha tendido a
ser borrada y no se sabe a ciencia cierta dónde se está.”
Desde este punto de vista, se hace necesario
que nos enfoquemos en comprender cuál es el fundamento teórico que
sirvió como base en la forma latinoamericana de hacer filosofía. Es
inevitable pensar en la influencia que han traído los vientos
invernales del norte, pero ello no es de extrañarnos ni llevarnos a
pensar en una copia o un apéndice de la cultura europea y
norteamericana; antes bien como lo dijimos arriba la filosofía es
integral y no parte de la nada, sino que las ideas se desarrollan a
partir de cada realidad en la que el pensador se desarrolla. Sería
como afirmar que toda la filosofía occidental es únicamente
filosofía griega, que es la madre del pensamiento de este
hemisferio. Es así como Castro-Gómez explicita con un ejemplo lo
que hasta aquí hemos dicho, añadiendo que ha existido una
iniciativa de la filosofía de Ortega y Gasset en la filosofía de
América Latina del siglo XX. Esto pareciera demostrar que algunos
pensadores lo que hicieron fue realizar una latinoamericanización de
la filosofía de Ortega
“Dos fueron las tesis de Ortega y Gasset
que se convirtieron en baluartes fundamentales para la reflexión
latinoamericana: en primer lugar el circunstancialismo o teoría de
las circunstancias, que postulaba la necesidad de asumir el propio
contexto socio-cultural como problema filosófico; y en segundo lugar
el generacionalismo o teoría de las generaciones, que pretendía
ofrecer un modelo de análisis para explicar la evolución
histórica.”(Castro, 1996)
La influencia de autores externos, europeos y
angloamericanos, implícita o explícita, es el principal
contraargumento que se arrastra constantemente para desacreditar la
autenticidad y la originalidad del filosofar de Latinoamérica. Por
esto, la emancipación de la política, económica y cultural de
América Latina declarará el éxito de su filosofía, tal como lo
dice Salazar Bondy:
“El problema de nuestra filosofía es la
inautenticidad. La inautenticidad se enraíza en nuestra condición
histórica de países subdesarrollados y dominados. La superación de
la filosofía está así íntimamente ligada a la superación del
subdesarrollo y la dominación, de tal manera que si puede haber una
filosofía auténtica ella ha de ser fruto de este cambio histórico
trascendental.” (Salazar, 1968)
A lo anterior se le
puede añadir lo que expresa Campos:
“… no consideramos a esta filosofía,
filosofía auténticamente latinoamericana, en la medida que no ha
consistido y consiste más que en el estudio, la asimilación,
repetición y enseñanza de filosofías ajenas. Se ha hecho
filosofías con cabezas y ojos prestados, a partir de conciencias
históricas ajenas. Sobra decir que esto ha acontecido así no por el
mero gusto de los filósofos, sino porque la larga dominación ha
determinado su visión ¡El asunto es que no basta que la hagan
latinoamericanos para que sea filosofía latinoamericana!”
Esta postura de inoriginalidad es compartida
por algunos autores como Leopoldo Zea pero desde otro punto de vista.
Podemos decir que la influencia que ha sufrido la filosofía
latinoamericana se da por asimilación, ya que los neófitos
pensadores latinoamericanos asimilar actitudes y reflexiones
similares a las de autores europeos. Decimos, pues, que es diferente
en cuanto que nuestra filosofía no ve a la europea como extranjera
para el pensamiento latinoamericano, sino que la filosofía en
general es de una tendencia universalista que se puede realizar desde
la misma América Latina. De esta manera, compartimos con Zea que el
pensamiento nacido de América Latina tiene inautenticidad inicial,
por tomar filosofías extranjeras, el pensamiento local ha tomado
prestada dicha filosofía para solucionar las necesidades
locales (Ávila, 2016). Ya con esta postura se abre, aunque sea
un poco, la posibilidad de una filosofía local pero a la vez
universalista.
Sin embargo, tomando la definición de
filosofía que hicimos al principio de este ensayo, desde de su
esencial la filosofía tiene un carácter de universalidad. En
efecto, a pesar de que algunas ideas son concebidas en ámbitos
distintos a los de América Latina, por su universalidad, pueden ser
empleadas como base de una nueva idea surgida de estas tierras, ya
que estas ideas son vistas por unos ojos concretos “La
filosofía latinoamericana como toma de conciencia, es una realidad.
La filosofía latinoamericana se expresa como un reflexionar sobre
los problemas del hombre, pero a partir de la problemática de un
hombre concreto que es el latinoamericano” (Zea,
1969) Ya con esta afirmación emprendemos la tarea de la validación
de un auténtico pensamiento filosófico en estas latitudes.
Al inicio de este ensayo hemos hecho un pequeño
recorrido histórico sobre la identidad del latinoamericano, y es la
dominación una de las características que ha imperado en el
constructo del quehacer del subcontinente. La condición
histórico-social genera una relación dialéctica con el pensamiento
mismo. De aquí que, para considerar la filosofía latinoamericana
como autentica, los pensadores deben emanciparse de la dominación
alienante, tomando conciencia de ella y combatiéndola. En efecto,
estamos de acuerdo con Campos de que los filósofos latinoamericanos,
para que sean libres y auténticos, deben de tomar una posición de
denuncia ante las diferentes formas de dominación pasada y actual;
es necesario desentrañar, poner en evidencia lo que ha constituido
nuestro ser histórico, que no ha sido precisamente un
“no-ser-siempre-todavía” sino más bien un
“ser-siempre-todavía-dominado”, y elabore, a partir del pasado y
del presente, la concepción del hombre latinoamericano nuevo del
futuro. (Mayz, 1969)
Continuando, el solo hecho de que el hombre
latinoamericano se entienda por dominado, que se haga esta
interrogante, que a su vez fluye hacia el cuestionamiento de su
existir, ya está haciendo filosofía. Indagar por la “esencia”
de nosotros como seres humanos, es preguntarse de si somos hombres o
no, si dominado o no, si europeizados o no. El ser hombre envuelve el
hecho de que somos usufructuarios de un logos o razón utilizado para
transmutar el caos en orden, y para analizarnos tanto a nosotros
mismo, como al resto de seres del planeta; es por medio de este logos
que nos preguntamos ¿qué somos?, ¿cuál es nuestro lugar en el
mundo? Determinar que somos seres humanos es resaltar la existencia
de un logos que nos da pie analizar nuestro contexto y defender
nuestras convicciones; de aquí que negar la existencia de un
filosofar latinoamericano es negar que somos seres humanos, es
encubrir la presencia de un logos o razón en nosotros, “es
rehuir nuestra realidad humana, es renunciar al derecho que tenemos
como individuos de expresar nuestras propias ideas y de
auto-determinarnos” (Castro,
2015). Negar la existencia de una filosofía en América Latina,
es negar la autodeterminación, es rehuir a los elementos que hace
generan la humanización del latinoamericano como hombre y mujer
emancipado mentalmente de los otros seres humanos. En efecto, la
filosofía ha sido la herramienta para combatir la subhumanización
con la que se ataca a los latinoamericanos.
Las ideas filosóficas nacidas en estas
latitudes juegan el papel revelador de pretensiones y utopías que se
habían mantenido ocultas pero que surgen gracias a una filosofía
liberadora que le ha abierto los ojos a los hombres y las mujeres
para que se empoderen de su dignidad y comprendan su realidad
latinoamericana. Así lo piensa, también, el filósofo cubano Pablo
Guadarrama quien apoya que la filosofía en Latinoamérica es un
proceso de sedimentación originado desde el siglo XVI pero que se
presenta con mayor fuerza en el siglo XVIII, lo que permitió en el
siglo posterior el surgimiento de personajes que aportaron grandes e
importantes ideas que impresionaron a investigadores de otras
latitudes, pues ellas eran originales y auténticas.
El subcontinente latinoamericano, aunque
comenzó bajo en dominio con la imposición de una cultura, como
citamos anteriormente, ha generado un dinamismo interno que ni los
mismos conquistadores se pudieron imaginar. Esta autoevolución se
canalizó con situaciones y problemas muy específicos que no son ni
eco ni sombra de la cultura europea. Cada país, cada región ha
propuesto soluciones muy características a sus problemas “es
así como ha existido una filosofía griega, una filosofía romana,
una filosofía alemana, una filosofía inglesa, una filosofía
francesa y como es necesario de que exista una filosofía americana”
(Marquinez, 1989). Entonces la
filosofía latinoamericana existe porque con solo el hecho de que
analicemos nuestros problemas y situaciones, y deseemos buscar las
respectivas soluciones nos capaces de filosofar. En efecto, el
platearse y tratar de resolver tal tema, independientemente de que la
respuesta sea afirmativa o negativa, es ya hacer filosofía
latinoamericana puesto que trata de contestar de forma afirmativa o
negativa una cuestión americana.
El filosofar de los latinoamericanos es nace de
su contexto. Esto la hace ser original en todos los sentidos, pero su
principal centro gravitatorio es el concientización que se traduce
en una denuncia. Ésta apela contra los crímenes de deshumanización
que ha sufrido el subcontinente por más de quinientos años, que
converge en la liberación social y cultural de los pueblos
latinoamericanos. Tomando en cuenta esto, es cómo surgió el
pensamiento de Francisco Miró, quien plantea, en acuerdo con nuestro
argumento, que su principal objetivo es hallar soluciones a la
dependencia. Este pensador sustenta la existencia de un quehacer
filosófico formado con la ayuda de tres importantes generaciones, a
saber: la generación de los fundadores, forjadores y técnica;
siendo esta última en donde la filosofía logra las formas de una
verdadera filosofía, en efecto es en esta última generación donde
la filosofía obtiene su etapa de madurez como disciplina normalizada
(Castro, 2015). Es así como la madurez de nuestra filosofía se
alcanza en el siglo XX con un filosofar autentico y original.
Esta clase de filosofar hoy día, gracias al hombre latinoamericano y
a su lucha por la liberación, la cual ha sido la constante como
plasmamos cuando describimos el forjarse de la identidad
latinoamericana, se ha convertido en un elemento real y verdadero
cuya tarea es lograr la libertad y la justicia social a partir de la
toma de conciencia y reflexión acerca de nuestra verdadera realidad.
En la medida en que el ser de nuestra América ha analizado su
realidad ha logrado no sólo hacer una “filosofía Americana”
sino una “filosofía sin más”. Esta filosofía sin más es
originar una actividad filosófica filosofando, pero sin preocuparse
en crear un quehacer filosófico sino en buscar soluciones sólidas
que sean auténticas herramientas para resolver los problemas, ya
sean sociales, políticos y culturales, que se le presenten tanto a
los latinoamericanos como al resto de hombres que habitan en pueblos
no latinoamericanos, por esto podemos emplear las palabras de Zea “Si
no había existido dicha filosofía era debido a que no se había
tenido la necesidad de ella; una filosofía Americana no podía ser
el resultado de un simple querer hacerla, como no lo han sido las
filosofías anteriores”.
Entonces, si sabemos cómo en realidad son las cosas, desde lo
expuesto anteriormente, el por qué el europeo y algunos coterráneos
latinoamericanos todavía exhiben argumentos demoledores en contra
del pensamiento filosófico de nuestra América, por qué no han
tenido la competencia de mostrarse conforme con nuestra capacidad de
fundar un original y auténtico quehacer filosófico, que nos lleve
a la búsqueda de las soluciones de algunos de esos problemas
originados en este territorio. La verdad es que, desde el lado del
europeo, éste por tomarse de superior al latinoamericano siempre lo
ha subestimado, creyéndolo incapaz de realizar cosas grandiosas,
como instaurar un pensamiento propio. Y desde nuestro parte algunos
latinoamericanos han creído incapaz de crear un pensamiento propio,
pues no son conscientes de las capacidades y habilidades con las que
cuentan, para ellos el europeo es el único hombre capaz de crear una
actividad filosófica con carácter auténtico y original.
El latinoamericano aunque inspirado o basado en fuentes filosóficas
europeas, ha sabido realizar una reflexión propia al meditar sobre
su realidad con categorías filosóficas aprendidas de occidente,
adoptando así una postura auténtica y original, garantizando de
esta manera un pensamiento filosófico en sentido propio que irradia
sus capacidades de análisis y creación, una actividad poderosa para
afrontar la realidad que en suerte le ha tocado.
Podemos decir, en resumen, el pensamiento filosófico latinoamericano existe, es una
realidad clara y concreta, un elemento veraz, que aún sigue en formación y maduración, y que cada
día se fortalece con los innumerables aportes de destacados
pensadores. Es una filosofía auténtica y original que nace desde
nuestra identidad y que se fue forjando con hechos históricos muy
concretos y que nos ha ayudado a transfigurar el escenario que nos
rodea, tanto social, política, económica y culturalmente, pues es
una actividad que nos ha permitido ver claramente los problemas de
nuestra entorno para así poder buscarle sus respectivas soluciones.
Bibliografía
-Ávila, A. (2016). La filosofía intercultural
y la identidad diversa y mestiza latinoamericana. Revista
Virtual Universidad Católica del Norte,
47, 100-112
-Brugger, W. (1983). Diccionario
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-Campos,
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una filosofía latinoamericana auténtica.
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Cartagena: Universidad de Cartegena.
-Castro, S. (1996). América
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Barcelona: Puvill-Editor.
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Editorial Miguel Ángel Porrúa.
-Marquinez, G. (1989). ¿Qué
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-Mayz, E. (1969). El
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México D.F.: Siglo XXI.
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http://www.biblioteca.org.ar/libros/1294.pdf . Revisado el 28 de
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-Zubiri, X. (1984). El
hombre y Dios. Madrid:
Alianza.
Hola Ronny; me agradó que te detuvieras en la definición del término "identidad". Saludos, ¡adelante!
ResponderEliminarEs interesante ver, como varios autores abogan por una vison distinta de entener el origen de la filosofía, en nuestro continente. Y como esta puede abonar a la universalidad del pensamiento para analizar nuestra realidades.
ResponderEliminar. Entonces la filosofía latinoamericana existe porque con solo el hecho de que analicemos nuestros problemas y situaciones, y deseemos buscar las respectivas soluciones nos capaces de filosofar; creo que es nos hace capaces de ...., por lo demas esta bien el planteamiento y desarrollo de la cuestion
ResponderEliminarExcelente la lógica de argumentación, pero es necesario que haga el ensayo más personal. Las referencias son importantes cuando se usan para sustentar lo que yo pienso, y no para exponer lo que los otros dicen.
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