La Conquista (Clase 10-10-17)

En torno al tema de la Conquista recorren muchos supuestos y aseveraciones de relación directa que se han generado por la incoherente repetición de lo que otros dicen sin acudir nunca a las fuentes. Ejemplo claro de esto es el pensamiento afincado en el inconsciente colectivo de que la evangelización confiada a las coronas por parte de la Iglesia Católica fue una herida cruenta que desviseró a los pueblos originarios y dejo una cicatriz en forma de cruz.
         Al hacer tal afirmación, a mi juicio, no se refleja más que un vacio intelectual apegado a un sentimentalismo barato, cuyos pregoneros viven en centros comerciales y no se interesan en nada por la actual situación de nuestros pueblos indígenas.
           SI bien no se puede negar la crueldad, del proceso de la conquista, hay que distinguir, porque el que bien distingue, bien filosofa. Se debe separar el curso conquistador y el proceso evangelizador. La evangelización debería de estar asegurada por los conquistadores pero no fueron ellos los que la llevaron adelante, fueron las ordenas religiosas como los carmelitas, domínicos y franciscanos, quienes debían educar en la nueva fe a aquellos que ya no podían practicar la suya. Pero, también, fueron estos mismos misioneros los que primero denunciaron como se despojaba de su dignidad a los indígenas, cuya realidad de seres humanos la Iglesia decretaba para salvaguardar su condición de hombres. Fue también en el seno de la Iglesia de donde surgió la nueva legislación que juntaba de los escombros, los derechos que por su naturaleza les eran innatos.

         Es justo retomar la historia y no juzgar desde la nada, sino ir a las fuentes que nos darán la evidencia para impartir juicios absurdos.      

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