Populismo (Clase 31-10-17)
En la clase de hoy uno de los temas tratados fue el del populismo como corriente en el desarrollo político y filosófico de Latinoamérica. Como tendencia política podemos pensar en el populismo como una sobreprotección del Estado hacia el pueblo, es decir, como garante del bienestar social de los ciudadanos en todos los ámbitos. Esta forma política es contrapuesta a liberalismo, el cual desea desalojar el aparato estatal y su intervención, principalmente de la dinámica del mercado. Consideramos que la forma en que los jesuitas desarrollaron las reducciones en los tiempos de la Colonia influyó, desde sus inicios, en no dejar nada a la libre lo referente a la manutención, protección, educación, catequesis, entre otros rubros de los pueblo originarios.
En Costa Rica el populismo ha sido la constante en la forma de gobierno, tal vez, con excepción en el periodo liberal. Esto se ha concretizado en instituciones como el IMAS, la C.C.S.S., etc. No podemos ver con malos ojos la preocupación del Estado para garantizar una vida estable y de calidad para los ciudadanos; pero en nuestro país esto se ha exacerbado y una expresión, que hace patente la mediocridad y que resulta en la inutilidad a la que se ha llegado, es el dichillo "vaya a recuestarse al gobierno". Esta frase no es más que el reflejo de lo fácil que es en Costa Rica esperar que el Estado haga todo y evitar salir adelante por uno mismo, Elimina esta sobreprotección, el impulso a descubrir destrezas en uno mismo que potenciarían el autodesarrollo y, con este el de los que nos rodean, al final el desarrollo del país mismo. Pro otra parte, el servir todo en bandeja de plata, no genera más que el esfuerzo de estirar la mano para recibir, sin más ni más, la propia dignidad; ergo solo esperaríamos seres abúlicos al final de esta operación. Ni que decir de la "cultura del pobrecitico", podríamos escribir todo un tratado.
Dejando el tema tratado
anteriormente, es el papel importantísimo que tuvo en el proceso de
emancipación Simón Bolívar, prócer de América Latina. Su
pensamiento político-filosófico queda plasmado en la Carta de
Jamaica. En ella expone sus más íntimas convicciones a cerca de los
planes de la unificación del subcontinente, así lo expresa en el
siguiente fragmento:
En
mi concepto, esta es la imagen de nuestra situación. Nosotros somos
un pequeño género humano; poseemos un mundo aparte, cercado por
dilatados mares; nuevos en casi todas las artes y ciencias, aunque en
cierto modo viejos en los usos de la sociedad civil. Yo considero el
estado actual de América, como cuando desplomado el imperio romano
cada desmembración formó un sistema político, conforme a sus
intereses y situación, o siguiendo la ambición particular de
algunos jefes, familias o corporaciones, con esta notable diferencia,
que aquellos miembros dispersos volvían a restablecer sus antiguas
naciones con las alteraciones que exigían las cosas o los sucesos;
mas nosotros, que apenas conservamos vestigios de lo que en otro
tiempo fue, y que por otra parte no somos indios, ni europeos, sino
una especie mezcla entre los legítimos propietarios del país y los
usurpadores españoles; en suma, siendo nosotros americanos por
nacimiento, y nuestros derechos los de Europa, tenemos que disputar a
éstos a los del país, y que mantenernos en él contra la invasión
de los invasores; así nos hallemos en el caso más extraordinario y
complicado. No obstante que es una especie de adivinación indicar
cuál será el resultado de la línea de política que América siga,
me atrevo aventurar algunas conjeturas que, desde luego, caracterizo
de arbitrarias, dictadas por un deseo racional, y no por un
raciocinio probable.
Este pensamiento
se nutre de una profunda reflexión de la realidad, es decir desde un
esquema filosófico, en el que Simón Bolívar se afinca para
proponer su respuesta unificadora. Él determina que, a pesar de que
se han ganado algunos derechos a lo largo de la colonia, aún en
América solo se vive como siervo de la corona española: Los
americanos en el sistema español que está en vigor, y quizá con
mayor fuerza que nunca, no ocupan otro lugar en la sociedad que el de
siervos propios para el trabajo y, cuando más, el de simples
consumidores; y aun esta parte coartada con restricciones chocantes;
tales son las prohibiciones del cultivo de frutos de Europa, el
estanco de las producciones que el rey monopoliza… Es
tan grave la situación que Simón no haya comparación a lo largo de
la historia de las naciones con la que en su momento vivió nuestra
América.
Después de hacer
este reclamo, Bolívar hace un recorrido por los sistemas de gobierno
que han surgido en diferentes países de Latinoamérica. Se inclina
por la opción de la República porque el interés bien entendido de
una república se circunscribe en la esfera de su conservación,
prosperidad y gloria. No ejerciendo la libertad imperio, porque es
precisamente su opuesto, ningún estímulo excita a los republicanos
a extender los términos de su nación, en detrimiento de sus propios
medios, con el único objeto de hacer participar a sus vecinos
de una Constitución liberal. Ningún derecho adquieren, ninguna
ventaja sacan venciéndolos, a menos que los reduzcan a colonias,
conquistas o aliados, siguiendo el ejemplo de Roma. Máximas y
ejemplos tales están en oposición directa con los principios de
justicia de los sistemas republicanos, y aún diré más, en
oposición manifiesta con los intereses de sus ciudadanos; porque un
Estado demasiado extenso en sí mismo o por sus dependencias, al cabo
viene en decadencia, y convierte su forma libre en otra tiránica;
relaja los principios que deben conservarla, y ocurre por último al
despotismo. El distintivo de las pequeñas repúblicas es la
permanencia; el de las grandes es vario, pero siempre se inclina al
imperio.
Sin embargo,
encuentre la deficiencia en la disgregación a la que dañado al
continente, aunque en algunos sitios se dé el sistema democrático.
La salvación del continente está en: Yo
diré a usted lo que puede ponernos en aptitud de expulsar a los
españoles, y de fundar un gobierno libre. Es la unión, ciertamente;
mas esta unión no nos vendrá por prodigios divinos, sino por
efectos sensibles y esfuerzos bien dirigidos. América está
encontrada entre sí, porque se halla abandonada de todas las
naciones, aislada en medio del universo, sin relaciones diplomáticas
ni auxilios militares y combatida por España que posee más
elementos para la guerra, que cuantos furtivamente podemos adquirir.
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